. Eje III .

17 10 2009

El río Tigre es uno de los principales brazos de la desembocadura del río Reconquista, situado en el partido homónimo en la provincia de Buenos Aires, Argentina. Se encuentra altamente contaminado por desechos industriales y cloacales provenientes de la cuenca del río Reconquista. El régimen de mareas fluviomarítimo que afecta al estuario del Plata y Delta del Paraná contribuye a diluir sus aguas y disimular su estado. Sin embargo el olor fétido, la mortandad de peces y la basura que flota evidencian la situación ecológica. Tal es el grado de contaminación del río que cuando está bajo es posible ver una línea divisoria de color en sus aguas en el cruce con el Río Luján, siendo el agua negra en el Río Tigre y marron en el Río Luján. El Río Tigre es el origen y fin de muchos de los recorridos llevados a cabo por las lanchas colectivas. En sus orillas se ubican importantes centros de recreación, clubes de remo y el embarcadero de lanchas colectivas (servicio provisto por 3 empresas) y catamaranes que llevan pasajeros al Delta del Paraná, Nueva Palmira y Carmelo.

Rio Tigre

Rio Tigre

 

Museo Sarmiento

En el corazón del Delta aparece una casa muy particular dentro de una imponente caja de vidrio. Perteneció a Domingo Faustino Sarmiento, “Padre del aula” en Argentina.

En 1860, Sarmiento ya tenía su casa en el Delta. Dicen los libros de historia que tomo posesión de su isla disparando al aire simbólicos tiros con su arma de fuego, como hacían los conquistadores estadounidenses a medida que expulsaban a los indios de su territorio.

La llamo “Prócida” por la pequeña isla que se encuentra frente a la ciudad italiana de Nápoles, en el sur de Italia, y construyó dentro de su isla un hermoso puente al que bautizó igual al de la ciudad de Venecia, “Rialto”.

La casa es una pequeña construcción de madera con techo de tejas. Según los historiadores de la casa, entre los que se encuentran María del Carmen Magaz y María Beatriz Arévalo, la planta baja era libre, mientras que la planta alta era donde se encontraba la única habitación que posee la casa. Las paredes, construidas con tablas prefabricadas, nos dan la idea de que se trata de una arquitectura mucho más elaborada de lo que pueda imaginarse a simple vista.

Museo Sarmiento

Museo Sarmiento

Pero Sarmiento no sólo se dedicó a descansar y a escribir en ella. Durante sus más de 30 años de estadía, ofició de consejero en el armado de otras casas y en la solución de los problemas habituales que la vida del Delta merecía por esos años. Fue él, quien en 1855 plantó la primera vara de mimbre, dando así inicio a la actividad de la que hoy sobreviven la mayoría de los isleños. Trajo además, de uno de sus tantos viajes a Estados Unidos, las primeras semillas de pecanes, hoy la famosa nuez del delta que crece en todas las islas.

El mismo Sarmiento, luego de casi treinta años de vivir en el delta, seguía insistiendo en la lógica de las casas de madera. “Ni piedra ni ladrillos” sintetiza en un artículo titulado “Arquitectura y paisajes isleños” (1885) publicado en uno de los diarios más importantes del momento de la ciudad de Buenos Aires.

“En el Delta, el sauce es el material ideal para la construcción. La novedad introducida en las islas es la casita de madera, la arquitectura americana. Un progreso que deseáramos ver introducido a lo largo de todo nuestro país” afirmaba. Sin embargo, los lujos de la arquitectura europea también llegaron al Delta y le impregnaron el toque de romanticismo y glamour que poco tiene la funcionalidad americana.

Sarmiento murió en 1895. Carlos Delcasse adquirió la casa y luego la donó a una institución de bien público, que a su vez la donó al Consejo Nacional de Educación. En 1966, un decreto del Presidente Illía la declaró como Monumento Histórico Nacional y, gracias a ello, hoy se conserva parecida al resto de las casas madereras del delta. Aunque no hay que olvidar que todas vinieron después de la de Sarmiento.

Hoy, la casa funciona como museo y biblioteca. Según la Municipalidad de Tigre, que se encargó de protegerla con el cristal de las inclemencias de la naturaleza y del paso del tiempo, alrededor de 50 mil personas llegan al lugar todos los fines de semana atraídos por la caja de cristal que brilla desde el horizonte.

Tigre

Tigre

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